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jueves, 25 de diciembre de 2014

MR. TURNER

"Espléndida fotografía, la película se recrea en exponer planos de la naturaleza y de la obra de pintor […]. Pero si acude al cine buscando una historia, no la encontrará"







Año: 2014
Director: Mike Leigh
Reparto: Timothy Spall, Jamie Thomas King, Roger Ashton-Griffiths, Robert Portal, Lasco Atkins, John Warman
País: Reino Unido
Duración:  150 min
Género: Drama (Biopic)
Puntuación: ** (Regular)







Sinopsis



Biografía sobre el pintor británico, J.M.W Turner (1775-1851). Artista reconocido, ilustre miembro de la Royal Academy of Arts, vive con su padre y su fiel ama de llaves. Es amigo de aristócratas, visita burdeles y viaja frecuentemente en busca de inspiración. A pesar de su fama, también es víctima de las burlas del público y del sarcasmo de la sociedad. Profundamente afectado por la muerte de su padre, dcide aislarse. Su vida cambia cuando conoce a Mrs Booth, propietaria de una pensión familiar a orillas del mar. [FilmAfinnity]



Análisis

Una historia sin alma, vacía, que da tumbos durante dos horas y media para no conducir a ningún lugar. Mr. Tuner promete mucho más de lo que finalmente da, y no es que haya perdido el Norte, sino que nunca llegó a plantearse dónde estaba. Nuestro pintor deambula sin rumbo de un lado para otro, y el espectador no hace sino acompañarle en su estado de desorientación, a base de numerosos diálogos sin contenido que solo estancan la trama. El ritmo es monótono, falta chispa. La lentitud no es pecado cuando hay factores que rompen esa lentitud, cuando hay subidas y bajadas. Pero en este caso es una línea plana, insulsa.


Quizá como sus cuadros, la trama está construida a base de brochazos sueltos. Cada secuencia es una pincelada distinta, que nada tiene que ver con la anterior. No hay continuidad, ningún nexo de unión. Casi parecen “pequeños cuentos” de dos minutos que recrean el día a día del pintor, porque rara vez hay un porqué que indique el paso de una secuencia a otra. Además, es posible que el público británico conozca al dedillo la biografía del pintor, las fechas de cada cuadro y los motivos los impulsaron, pero en las salas españolas se echa en falta mayor contexto histórico, porque todo aquel que no estudie Historia del Arte se perderá la riqueza de la obra de Turner.

Una obra que da gusto contemplar, desde luego. La espléndida fotografía nos muestra paisajes maravillosos, atardeceres y escenas de mar y playa. Visitas al estudio del pintor, lienzos de grandes dimensiones y reproducciones en directo de cómo pinta un maestro. Para bien o para mal, la película se recrea en exponer planos de la naturaleza y de la obra de pintor. Y son dos horas y media de recreación. ¿Excesivo? Sin duda, lo poco que narra podría haberse resumido a la mitad.


Sí que aportan chicha a la historia los nuevos inventos de la época y las reflexiones sobre si estos desplazarán las técnicas artísticas o se podrán asimilar. Cabe resaltar también la gran caracterización de Timothy Spall como William Turner, único y destacado protagonista, arropado por unos secundarios que cumplen sin pena ni gloria. Si el espectador considera su tiempo valioso, acuda a una galería, compre manuales de Arte o incluso escriba William Turner en Wikipedia, pudiendo admirar la obra del pintor inglés a la perfección. Porque si acude al cine buscando una historia, no la encontrará.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

EL HOBBIT 3: LA BATALLA DE LOS CINCO EJÉRCITOS

"Del finito libro escrito por Tolkien, el director neozelandés se propuso extraer una batalla que pudiese durar dos horas y media. Y como tal, ha completado su objetivo [...]. Una batalla espectacular, repleta de emoción, nervios y dinamismo."








Año: 2014
Director: Peter Jackson
Reparto: Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, Luke Evans, James Nesbitt, Aidan Turner, Evangeline Lilly, Ken Stott, Graham McTavish, Jed Brophy, Stephen Hunter, John Callen, Adam Brown, Dean O'Gorman, William Kircher, Peter Hambleton, Mark Hadlow, Cate Blanchett, Lee Pace, Orlando Bloom, Hugo Weaving, Billy Connolly, Christopher Lee, Stephen Fry
País: EEUU
Duración:  145 min
Género: Aventuras
Puntuación: **** (Muy buena)







Sinopsis


El dragón Smaug, dispuesto a asolar la Ciudad del Lago, no es el mayor de los problemas que amenazan a la Tierra Media, pues el enano Thorin Escudo de Roble está cegado por las riquezas que encierra la montaña de Erebor, y está dispuesto a defenderlas con las armas de elfos y hombres, antes que compartir con ellos lo que es justo. Un ejército de orcos y la amenaza en la sombra de Sauron abrirá los ojos a unos y otros, y no tendrá parte pequeña en el nuevo enfoque de la situación un mediano que solía vivir cómodo en un agujero, llamado Bilbo Bolsón. [DeCine21]




Análisis

En pocas ocasiones hallaremos un título que resuma a la perfección el contenido de la película, y es que la batalla de los cinco ejércitos es el eje fundamental de la 3ª y última entrega de El Hobbit. La película narra una batalla entre cinco ejércitos, y nada más. Orcos, enanos, elfos, humanos y águilas, fuego, piedras, espadas, arcos, hachas y magia. Gritos, sangre, muerte y destrucción. Todos estos términos son los que resumen los 150 minutos de película, que gracias a un ritmo frenético, a un montaje endiabladamente bueno y la complementariedad de los diferentes personajes no deja un solo momento de respiro.


El film no se anda con preparativos ni con prólogos; tiene prisa. El arranque nos muestra a Smaug escupiendo fuego sobre la Ciudad del Lago, y sus posteriores efectos sobre los humanos. A partir de allí, un par de pinceladas sobre la relación entre enanos y elfos, los maquiavélicos planes de los orcos y el brillante tesoro de la Montaña. Punto. El resto son llamadas al valor, gestos de lealtad, asedios a fortalezas, degüelles, flechazos y empujones de los fuertes. Hay lugar para la épica, es cierto, pero su papel es mínimo.

Debemos entender que no es El retorno del rey, y por tanto toda comparación carece de sentido. Si en la última entrega del Señor de los Anillos presenciábamos mayor cantidad de secuencias de diálogos, caminatas y “chicha” en el contenido, la batalla de los cinco ejércitos carece completamente de ello. ¿Es esto malo? Por supuesto que no. Peter Jackson no esconde sus cartas, y cumple a las mil maravillas con aquello que había prometido. Del finito libro del Hobbit escrito por Tolkien, el director neozelandés se propuso extraer una batalla que pudiese durar dos horas y media. Y como tal, ha completado su objetivo. Porque además supone un broche de oro para cerrar la saga. Todo queda atado y bien atado, y engancha a la perfección con el primer minuto de La Comunidad del Anillo. Una precuela digna, eso sin dudarlo.



Peter Jackson nos ofrece una batalla espectacular, repleta de emoción, nervios y dinamismo. Una batalla hecha a medida para el lucimiento de los actores, el virtuosismo de los efectos especiales y la armonía de la música. Casi podríamos enmarcar el film dentro del género bélico, porque de aventura poco tiene. De este modo, que nadie pida peras al olmo. El Hobbit 3 es esto, y no otra cosa. Quien espere encontrar conversaciones de taberna, nuevos mundos y paisajes o una charla filosófica de Gandalf, que cambie el chip, porque  no hay motivo para criticar la adaptación o las expectativas. La batalla no defrauda; si a uno le gustan las batallas, claro.

jueves, 11 de diciembre de 2014

MAGIA A LA LUZ DE LA LUNA

"Woody Allen no arriesga, y entrega un producto encantador envuelto de magia, misterio y racionalismo, pero a base de una receta estándar que siempre funciona"







Año: 2014
Director: Woody Allen
Reparto: Colin FirthEmma Stone, Marcia Gay Harden, Jacki Weaver, Eileen Atkins, Simon McBurney, Hamish Linklater
País: EEUU
Duración: 95 min
Género: Comedia romántica
Puntuación: *** (Buena)







Sinopsis


En la Francia de los años 20, durante la época dorada del jazz, un mago inglés, Stanley Crawford, (Colin Firth) está decidido a desenmascarar a una falsa médium, Sophie Baker (Emma Stone). Esto desencadenará una serie de hechos mágicos que sacudirán la vida de ambos. [Filmaffinity]



Análisis

Tierna, amable y delirante, a la vez que cínica y mordaz. Woody Allen enfrenta dos polos opuestos en una comedia romántica completamente clásica, cuyos personajes están en constante diálogo con el espectador. Como ya hiciese tres años antes con Midnight in Paris, el director neoyorquino sitúa la acción durante la época de la Bélle Epoque. Si el film anterior proponía una reflexión sobre el arte, en este caso la trama versa sobre el misterio y lo irracional. ¿Existen realidades superiores al hombre y no perceptibles por los sentidos? A esta pregunta tratará de responder nuestro protagonista durante la hora y media de metraje, y todo ello por culpa de conocer a la hermosa Sophie, quien se revela como médium y se gana a la vida poniendo a la gente en contacto con sus familiares fallecidos.


Desde el comienzo, el espectador se sitúa  en la posición de Stanley. Observamos la realidad a través de sus ojos, gracias a él conocemos a los distintos personajes y, como él, estamos en suspense por averiguar si verdaderamente Sophie es o no una médium. Y huelga decir que Stanley es el perfecto cínico de la sociedad moderna. Chulo, egocéntrico e infeliz. Desencantado, sin aspiraciones reales en la vida, sin miedo a esconder el vacío de su interior. La magia que crea en la primera secuencia se desvanece en cuanto entra en el camerino; ni él mismo se cree el arte de lo irracional. Pero entonces oye hablar de Sophie. Está ansioso por conocerla. Nosotros también. ¡Tanto oír hablar de la médium un minuto sí y otro también! De modo que ella ya se nos presenta así sin necesidad de aparecer todavía en pantalla. Hasta que aparece. Con un primer plano que interpela al espectador, mientras los rayos del sol de la Provenza francesa iluminan su rostro y nos deslumbran.

A partir de allí: chico conoce chica… y sucede lo que sucede. Un estilo clásico, sobrio y sin estridencias, sin parafernalia. La carcajada y el romanticismo están asegurados, desde luego, pero es lícito señalar que la historia daba para más. Woody Allen no arriesga, y entrega un producto encantador envuelto de magia, misterio y racionalismo, pero a base de una receta estándar que siempre funciona, porque siempre funcionará. Así, el desenlace puede resultar un tanto forzado y sacado de la chistera, fruto de los altibajos que acusa el film en los minutos finales.


En cuanto a la ambientación: sobresaliente. Los años 20 renacen en la gran pantalla a través de sus fiestas, bailes, coches y vestidos, respaldados por una soberbia calidad en la fotografía. Los distintos tonos de luz, las tormentas, el verde de la campiña, la costa azul… Racionalistas y románticos no dudan en contemplarlo. Por otro lado, deja cierto sabor amargo el escepticismo que rodea el film, en base a la pregunta que plantea. Da la sensación de que no ofrece ninguna respuesta clara, bien porque el director no la conoce, bien porque cree que nunca podremos responderla. No obstante, desde luego que vale la pena acompañar en su camino a nuestro protagonista. Quien no saque nada en claro acerca de si existen o no realidades espirituales, al menos podrá decir que ha visto a Colin Firth y Emma Stone a la luz de una noche estrellada. Saltan chispas.

jueves, 13 de noviembre de 2014

ALEC GUINNESS: UNA CONVERSIÓN DE PELÍCULA [1]


Cuando falleció en el año 2000 a los 84 años, este polifacético actor británico tenía más de un motivo para estar orgulloso: ganó el óscar a mejor actor por “El puente sobre el río Kwai” (1957), interpretó a Ben Kenobi en “La Guerra de las Galaxias” (1977) y fue ordenado caballero por la reina Isabel II. Y, sin embargo, según señala en sus memorias, su decisión de incorporarse al seno de la Iglesia Católica había sido mucho más importante que su carrera como actor: “Si de algo debo lamentarme es de no haber tomado antes la decisión de convertirme al catolicismo”

Porque lo cierto es que Alec Guinness tuvo una vida complicada. Nacido en Londres en 1914, nunca conoció a su padre. En cambio, sí supo quién fue su madre: una bebedora a la que él mismo calificó como prostituta. Cuando terminó los estudios, estuvo un par de años trabajando para una firma publicitaria, mientras acudía a una academia para formarse como actor. En aquella época, frecuentaba oscuros barrios londinenses junto a una serie de amistades turbias. 

En 1936 llegó su gran oportunidad cuando obtuvo su primer papel en la clásica obra de teatro Hamlet. Después de la Segunda Guerra Mundial, su carrera cinematográfica progresó considerablemente. Participó en exitosas producciones británicas como “Cadenas rotas” (1946), “Oliver Twist” (1948) y “Ocho sentencias de muerte” (1949), en donde llegó a interpretar hasta ocho papeles distintos. 

Los ocho papeles de Alec Guinnes en "8 sentencias de muerte"

Sin embargo, la película que cambió su vida se rodaría lejos de la campiña británica. En 1954 fue seleccionado para dar vida al Padre Brown (el astuto sacerdote concebido por Chesterton) en la película “El detective”. Alec Guinness relata aquella experiencia de la siguiente manera:

Estábamos en los exteriores de Borgoña cuando tuve una pequeña experiencia de cuyo recuerdo siempre he disfrutado. Hacia el anochecer me encontraba aburrido y sin saber qué hacer. Vestido con mi negra sotana, subí por el serpenteante y polvoriento camino hacia el pueblecito. En la plaza, los niños chillaban en medio de infantiles batallas, con palos por espadas y tapas de cubo de basura por escudos. […]

No había caminado mucho cuando escuché unos pasos apresurados y una voz aguda que me llamada «Mon Pere!». Un chico de siete u ocho años me tomó de la mano y la apretó fuertemente, balanceándola mientras mantenía un parloteo incesante. No me atreví a hablar por miedo a que mi horroroso francés le pudiera asustar. Aunque yo era un absoluto desconocido, el chico me tomó por un cura y, consecuentemente, por alguien digno de la mayor confianza. 

De repente con un «Bonsoir, mon Pere!» y una deslavazada reverencia, despareció por el agujero de un seto. El chico había disfrutado de un alegre y tranquilizador paseo a casa, y a mí me dejó con un extraño sentimiento de euforia. Mientras seguía caminando, se me antojaba que una Iglesia que podía inspirar tal confianza en un niño, haciendo de sus sacerdotes -incluso cuando eran unos desconocidos- tan sencillamente accesibles, no podía ser una institución tan intrigante y aterradora como solía ser descrita. Aquel día empecé a sacudirme de encima mis anquilosados prejuicios, tan largamente aprendidos.

A la izquierda, como el padre Brown en "El detective"
A los pocos días de este incidente, un hijo suyo quedó paralítico a causa de una poliomielitis. El pronóstico era incierto. Movido por un impulso interior, cada noche, al terminar el rodaje, Guinness comenzó a frecuentar una pequeña iglesia católica en su camino a casa. Pedía intensamente a Dios la curación de su hijo, y prometió que no se interpondría en su camino si el niño, que había sido matriculado en el colegio de los jesuitas, deseaba hacerse católico. Felizmente, se recuperó y, un año más tarde, el chico anunció que deseaba convertirse al catolicismo. Guinness recordó su promesa a Dios, y accedió a que su hijo se convirtiese.

No obstante, en su propio corazón surgió una poderosa inquietud. Movido por la fe del pequeño, el actor comenzó a estudiar el catolicismo. Tuvo largas conversaciones con un sacerdote católico y, finalmente, se decidió a hacer un curso de retiro en una abadía trapense. Aquello le dio fuerzas, pero aún no había llegado su momento.

Mientras tanto, continuó apareciendo en filmes como “El quinteto de la muerte” (1955) y “El prisionero” (1955). Hasta que llegó el año 1956. En la ciudad de Los Ángeles, rueda el filme de época "El cisne", en cuyo reparto figura Grace Kelly, católica practicante. Junto a ella, asistió a Misa durante varios domingos mientras comentaban aspectos relativos a la doctrina de Cristo. Así, la futura princesa terminó por inclinar la balanza. Ese mismo verano, Alec Guinness  fue recibido en la Iglesia Católica por el Obispo de Porthsmourth. 

Seis meses después, su esposa siguió sus mismos pasos mientras él rodaba en Sri Lanka “El puente sobre el río Kwai”. Se dice que algunos días, durante los descansos, dedicaba la jornada para caminar hasta una ermita muy lejana y así poder rezar ante el Santísimo Sacramento. Aquellos rezos bien le valieron el óscar al mejor actor. En los años sucesivos, participó en películas legendarias como “Lawrence de Arabia” (1962), “Doctor Zhivago” (1965), “Cromwell” (1970) y “La Guerra de las Galaxias” (1977). 


Paradójicamente, al final de su vida imitó los pasos de su personaje jedi Ben Kenobi. Sin hacer mucho ruido, abandonó las cámaras para retirarse a escribir y meditar. A escribir cómo abandonó la lobreguez del lado oscuro, y a meditar por qué no se atrevió a hacerlo antes.

Fuentes
Méndiz, Alfonso http://jesucristoenelcine.blogspot.com
Biografía en Internet Movie Date Base
J. Ginés, Pablo, Artículo: "Alec Guinness: la fe católica del viejo maestro Jedi"¸2005, 

lunes, 10 de noviembre de 2014

EL PUENTE SOBRE EL RÍO KWAI

"El puente sobre el río Kwai no es un relato de los aliados contra los japoneses [...], sino un relato de honor y de lealtad, de disciplina y código militar. De principios.".







Año: 1957
Director: David Lean
Reparto: Alec Guinnes, William Hoden, Jack Hawkins, James Donald, Sessue Hayakawa, André Morell
País: Reino Unido
Duración: 160 min
Género: Bélico
Puntuación: **** (Muy buena)









Sinopsis


La acción transcurre en Siam, en el año 1943. Cientos de prisioneros de guerra británicos están trabajando en el llamado "Ferrocarril de la muerte", cuando tiene lugar una discusión entre el coronel japonés Saito y el británico Nicholson, que no está dispuesto a que sus oficiales construyan un puente sobre el río Kwai. [Fotogramas]



Análisis

Título clave en el género bélico, que supuso la consagración internacional de David Lean como director y mitificó la imagen del famoso puente sobre el río Kwai. Cada actor jugó como mejor sabía: William Holden hizo de americano (cínico, valiente y chulo como él solo), Alec Guinnes de inglés (flemático, orgulloso y cuadriculado) y Sessue Hayakawa de oficial japonés (duro, antipático… y al final humano). ¿El público? Salió de las salas silbando, del mismo modo que el batallón inglés. Porque aquella melodía, tan distintiva del orgullo británico, bien valió el oscar a la mejor banda sonora. Uno de los 7 que ganó, además de mejor película, mejor director y mejor actor (Guinnes).


¿Mejor película? El puente sobre el río Kwai no es un relato de los aliados contra los japoneses, ni una historia de aventuras en mitad de la selva de Birmania. Quedarse con esa visión resultaría pobre, y uno se habría perdido el contenido principal de la película. El film es un relato de honor y de lealtad, de disciplina y código militar. De principios. ¿Hasta qué punto podemos conservar la disciplina en una selva dejada de la mano de Dios? Sin leyes no hay civilización, sentencia Nicholson. Pero no solo eso. La trama es un choque de civilizaciones, además de una batalla entre la ociosidad y el trabajo. Es una mirada hacia el futuro, en parte sobrenatural: es querer dejar algo que permanezca cuando nosotros no estemos.

Y alzándose sobre el río… el famoso puente. Sí, ese puente, que es un personaje más en la película. De hecho, quizá sea el auténtico protagonista del film. Porque no es una historia de personajes, que en parte podríamos decir que actúan de secundarios. En el fondo, es la historia del puente. De su nacimiento y construcción. Él es el resultado tangible de las relaciones entre los occidentales y Japón, y también el objetivo base del Alto mando de ambas potencias. Los planos generales de su construcción causaron furor en aquella época; toda una obra de ingeniería. Como también el atardecer que Nicholson presencia apoyado en su baranda.



Una fotografía de sobresaliente, que supo reflejar la tensión de la marcha por la selva, los agobios del campo de prisioneros y el sudor de la frente de Nicholson, sin olvidar los abdominales que lució William Holden. Ambos personajes, sin estar enfrentados directamente, ofrecen un auténtico duelo interpretativo, manifestado en dos maneras completamente distintas de entender el conflicto. De entender la vida, en definitiva. Y para entender la vida del puente, David Lean nos regala casi tres horas de andamiaje bien ensamblado. El director inglés debutó tras las cámaras durante la Segunda Guerra Mundial con Sangre, sudor y lágrimas, y poco después rodaría la excelente Breve encuentro. Después de varios años encerrado en el Reino Unido, en 1957 viajó a Sri Lanka en búsqueda del río Kwai. Fue fructífera aquella visita. Allí obtuvo la fuerza necesaria para filmar en los años siguientes Lawrence de Arabia y Doctor Zhivago.

lunes, 3 de noviembre de 2014

CAMINANDO ENTRE LAS TUMBAS

"Liam Neeson se revela como un estupendo detective, a la altura de los mejores Sam Spade y Philip Marlowe. Su ancha gabardina de cuello subido solo es superada por los ojos lacónicos con que imprime solemnidad al protagonista"






Año: 2014
Director: Scott Frank
Reparto: Liam Neeson, Dan Stevens, Marina Squerciati, Sebastian Roché, Boyd Holbrook, Stephanie Andujar
País: EEUU
Duración: 115 min
Género: Thriller
Puntuación: *** (Buena)









Sinopsis


Matt Scudder (Liam Neeson), antiguo detective del Departamento de Policía de Nueva York, es un alcohólico en fase de recuperación, perseguido por los remordimientos y con muchas cuestiones pendientes. Cuando una serie de secuestros que tienen como objetivo a los principales narcotraficantes de la ciudad desembocan en espeluznantes asesinatos, el líder de los narcos (Dan Stevens) convence a Scudder para que encuentre a los culpables de la muerte de su mujer.[ElSeptimoArte]


Análisis


Una mezcla de géneros eficaz, que a partir de una premisa sencilla desarrolla un relato tejido con alfileres, que mantiene la tensión hasta el final. El suspense está garantizado gracias a las incógnitas que plantea su trama enrevesada, la acción no falta por la espontaneidad de los tiroteos, e incluso podemos encontrar rasgos propios del cine negro a través de los ambientes sórdidos, el rol de determinados personajes y la abundancia de recursos lluviosos y nocturnos. El conjunto funciona, sin ninguna duda. Incluso podemos hallar subtramas relacionadas con la amistad o la superación personal, especialmente en el caso de la adicción al alcohol de algún personaje.



Liam Neeson se revela como un estupendo detective, a la altura de los mejores Sam Spade y Philip Marlowe. Su ancha gabardina de cuello subido solo es superada por los ojos lacónicos con que imprime solemnidad al protagonista. Su personaje no solo ofrece un servicio de investigación: tiene un pasado detrás, una historia que contarnos, y sus pesadillas se revelan poco a poco a lo largo del relato.

Un relato, eso sí, amargo y poco agradable. La violencia explícita de algunas secuencias, determinados comentarios y ciertas prácticas sexuales no convierten la búsqueda de Matt en un camino de rosas. El planteamiento es macabro, y mucho. Viene respaldado por grandes actuaciones de los antagonistas, que realmente llegan a inspirar temor en el espectador con sus curiosas rutinas. El duelo interpretativo entre Liam Neeson y ellos dota al film de una angustioso desenlace.


Es cierto que quizá la película no acierta con el arranque, que puede llegar a desorientar (especialmente los títulos de crédito), y más adelante cuesta dejar asentados los cimientos de la historia. Eso sí, una vez hecho, el relato sale rodado, funciona solo a las mil maravillas. Pero es posible andar dando pasos de ciego al comienzo. Una vez esté adentrado en la trama, no se preocupe: La intriga está servida. Y de la buena.

sábado, 1 de noviembre de 2014

ESENCIA DE MUJER



"Si tras proyectar `Esencia de mujer´ uno no ama la vida con más intensidad, debería rebobinar e invertir otras dos horas y media de su tiempo"





Año: 1992
Director: Martin Brest
Reparto: Al Pacino, Chris O'Donnell, Gabrielle Anwar, James Rebhorn, Philip Seymour Hoffman, Richard Venture, Bradley Whitford, Ron Eldard
País: EEUU
Duración: 155 min
Género: Drama
Puntuación: **** (Muy buena)









Sinopsis


Frank Slade (Al Pacino) es un malhumorado Coronel en la reserva del ejército norteamericano, retirado pues sufre de ceguera. Durante el fin de semana de Acción de Gracias el joven estudiante Charlie Simms (Chris O'Donnell), contratado por la familia de Slade, se queda en su casa para servirle de lazarillo y procurar que no beba mucho. Pero Frank tiene otros planes: irse a la gran ciudad de Nueva York...[Filmaffinity]

Análisis


Un poema, un canto a la vida. Martin Brest nos presenta una historia tierna, que no empalagosa. Dura, que no violenta. Verosímil, y a la vez mágica. No es una historia de circunstancias ni de conflictos, sino de personajes. “Esencia de mujer” es la suma del coronel Slade y del joven Charlie, y los restantes elementos de la trama pertenecen a un segundo plano. Son dos horas y media de amistad. Del nacimiento de una amistad.


Como punto de arranque: el día previo al puente de Acción de Gracias. Charlie Simms es un joven de familia humilde que estudia en un colegio de prestigio, a mucha distancia de su casa. A diferencia de sus compañeros, él no podrá viajar durante esas vacaciones. Necesita dinero. Por un anuncio, descubre que la familia Slade ofrece una cuantiosa suma a quien acepte cuidar al tío Frank en Acción de Gracias. Parece fácil. Si no fuese porque el tío Frank es un malhumorado coronel retirado del ejército, que perdió la vista por la explosión de una granada. Para colmo, es Al Pacino, bordando una interpretación que le valió el óscar.

La trama es sencilla. Partiendo del encuentro entre dos polos opuestos, Brest desarrolla un viaje a lo más profundo del ser humano. La premisa es básica: joven ingenuo conoce a un hombre desencantado. Juventud y experiencia. Sueños vírgenes y batallas perdidas. Inevitable choque de personalidades. De hecho, la presentación de ambos personajes resume con todo detalle su modo de ser. A Charlie le descubrimos en el colegio, observando escrupulosamente el tablón de anuncios. La cámara le enfoca en su totalidad. Por tanto, ya deducimos que es un estudiante aplicado, activista y con ilusión por desenvolverse. Además, no rehúye la cámara; no se esconde. Por el contrario, el coronel Slade irrumpe en el film sentado sobre un sillón. La escasa luz que se cuela por la ventana no le roza apenas. La cámara enfoca un extremo de la habitación, después otro. Finalmente, nos muestra al coronel. Es un hombre que ha renunciado a vivir, que ni puede ni quiere levantarse. Su alma está oscura, y por ello nos resulta difícil acercarnos hasta él. No le encontramos, porque no quiere que le encontremos. No quiere intimar.


A partir de allí, las palabras harán avanzar la trama. Las diferentes visiones que tienen del mundo, los problemas que les preocupan, la situación familiar, el honor, la capacidad para perdonar… Brest nos brinda una película clásica, con un estilo sobrio, de lo más natural. Encadena una secuencia tras otra con guante blanco, sin adornos ni florituras. No hay espacio para sorpresas metidas con calzador ni para virtuosismos en el montaje. Charlie y el coronel nos llevan de la mano hasta los créditos finales, a través de un paseíllo que a nadie le dejará indiferente.

El guion adapta un film de Dino Rissi que narra la misma historia. Estrenada en 1974, “Perfume de mujer” relata la relación entre un joven cadete de la armada y el capitán ciego a quien debe acompañar durante un viaje entre Turín y Nápoles. Aquella versión de la novela de Giovanni Arpino recibió dos nominaciones al óscar, y Vittorio Gassman se alzó como mejor actor en el Festival de Cannes por su papel como el ciego capitán Fausto.



En esta ocasión, es Al Pacino quien presta sus ojos al hastiado militar. Aunque de primeras se pensó en Jack Nicholson para la interpretación, finalmente fue el actor italoamericano quien participó en la película. Para ello, recibió formación de una escuela para ciegos, y él mismo decidió forzar la vista y comportarse como tal para adecuarse mejor a su personaje. No quedó en vano aquel esfuerzo. Por otra parte, el tango que baila con la hermosa Donna precisó de dos semanas de ensayos, así como de la participación de dos coreógrafos. Todo para que todavía resuene en nuestros oídos la melodía del tango más famoso de la historia del cine: “Por una cabeza”, compuesto por Carlos Gardel en 1935. Más adelante, también lo escucharíamos en “La lista de Schindler” y “Todos los hombres del rey”.

¿Por qué no se alzó entonces con más estatuillas en 1993? Como suele ocurrir en estos casos, no por demérito suyo, sino por el nivel de la competencia. Clint Eastwood y su cinta “Sin perdón” le arrebataron el de mejor director y mejor película, y una brillante versión de “Regreso a Howards End” mereció el mejor guion adaptado. Que Eastwood sorprenda con un western de toma pan y moja cuando Hollywood arrastraba 20 años de vacas flacas en el género… pasa factura. Por lo demás, casi sonó a despedida este título de Martin Brest. Cinco años después nos obsequió con la mediocre “¿Conoces a Joe Black?”, y en 2003 se estrelló con “Una relación peligrosa”. Desde entonces, no ha vuelto a filmar. No hay un motivo claro.


En cambio, está claro que si tras proyectar “Esencia de mujer” uno no ama la vida con más intensidad, debería rebobinar e invertir otras dos horas y media de su tiempo. Si tampoco funciona, al menos habrá disfrutado con los sarcásticos comentarios de Al Pacino. Como a él, ojalá se nos caiga la venda de los ojos tras los créditos finales. De acuerdo que el coronel siga sin poder ver el azul del cielo o el verde de los árboles, pero el viaje que emprendió al levantarse del sillón de su oscuro cuarto permitió que viese con claridad las cosas importantes.

jueves, 30 de octubre de 2014

EL JUEZ


"Aguda, ingeniosa y humana. No dejará indiferente. Un soplo de aire fresco en el género de dramas judiciales"






Año: 2014
Director: David Dobkin
Reparto: Robert Downey Jr., Robert Duvall, Vera Farmiga, Billy Bob Thornton, Vincent D'Onofrio
País: EEUU
Duración: 140 min
Género: Drama
Puntuación: **** (Muy buena)









Sinopsis


Hank Palmer (Robert Downey Jr.), un importante abogado, regresa a su hogar tras la muerte de su madre. Se entera entonces de que su padre (Robert Duvall), que es el juez del pueblo y de quien está distanciado, es sospechoso de haber cometido un crimen. Su decisión de investigar el caso lo lleva poco a poco a restablecer con los suyos una relación que estaba rota.[Filmaffinity]

Análisis


Aguda, ingeniosa y humana. No dejará indiferente. Un soplo de aire fresco en el género de dramas judiciales, capaz de avanzar más allá de la trama standard de picapleitos, es decir: buenos y malos enfrentados en un juzgado. El juez es la historia de una familia, la pérdida de un ser querido, la relación de un padre con su hijo, el fracaso matrimonial, la educación de los hijos, la enfermedad y, recogiendo todo aquello, la superación del pasado para poder avanzar hacia el futuro. El perdón. Por supuesto, con una acusación de asesinato en primer grado como telón de fondo. 


Desenvolviéndose en la maraña judicial, hallamos personajes de lo más diverso. Cínicos, rencorosos, valientes, serviciales, tiernos… que son humanos, que se sienten desamparados frente ante la complejidad del día a día. Todos ellos han cometido errores en el pasado, y sus relaciones dependen de si han aprendido de ellos. Hay quienes ocultan cosas, quienes no se han arrepentido, y quienes deciden perdonar. Porque el espectador es consciente de que algo distorsiona el ambiente familiar, de que algo no funciona desde la primera secuencia. Huele a rancio. Y poco a poco las incógnitas se despejan, hasta llegar a un clímax perfectamente respaldado por los agentes atmosféricos. 

Y en todo ello, el director no tiene prisa. Es más, 140 minutos de película, ya son minutos. Pero todo está medido. No hay cabos sueltos, ni puntos oscuros, ni subtramas a medio hilar. Nada queda en el tintero, y el puzzle queda resuelto al final. Todo a base de pistas cada equis tiempo, de conversaciones entre los personajes, de cintas de vídeo, de recuerdos… El espectador se entera de todo cuando toca, y no hay fotograma que no enriquezca un ápice la historia. 


Es más, el arranque ya nos aporta las claves de cuanto vendrá después. Con calma. Tres distintas imágenes de objetos cotidianos se nos presentan de una en una, con fundidos en negro. Las apreciamos tranquilamente. Más tarde desempeñarán un papel fundamental en el desarrollo de la trama. Y de repente, vistas de la gran ciudad. Movimientos rápidos de cámara, despachos, rascacielos, tráfico… Los agobios del mundo contemporáneo. El film lo contrapone a la vida sosegada del tradicional pueblo de Indiana. Su sencillez y familiaridad frente al vacío metropolitano, encarnado en el bufete de abogados. 

Aunque de los juristas, desde luego, no creo que nos podamos quejar. Robert Downey Jr y Robert Duvall, padre e hijo, forman un tándem de lujo, y sus interpretaciones son de toma pan y moja. Además, rodeados de una espléndida gama de secundarios, entre los cuales sobresale el deficiente hermano de Hank, así como una correcta Vera Farmiga. Posiblemente una de las películas del año. Planteamiento claro, hábil batuta de Dobkin y un mensaje muy directo. ¡Ah! Y como drama judicial, mantiene la tensión hasta la última palabra del veredicto. ¿Inocente o culpable?



lunes, 27 de octubre de 2014

AL ESTE DEL EDÉN



Año: 1955
Director: Elia Kazán
Reparto: James Dean, Raymond Massey, Julie Harris, Richard Davalos, Jo Van Fleet, Burl Ives, Albert Dekker, Lois Smith, Harold Gordon
País: EEUU
Duración: 115 min
Género: Melodrama
Puntuación: **** (Muy buena)

Sinopsis 

Adam Trask (Raymond Massey) vive en su rancho californiano acompañado de sus dos hijos, Cal (James Dean) y Aron. Aron es el hijo preferido de Adam, estudiante modelo, trabajador y razonable. En cambio Cal es un rebelde solitario y tiene una actitud desafiante ante la vida que a su padre le disgusta. Para alcanzar el reconocimiento de su padre, Cal se expone a cualquier peligro, hasta que casualmente descubre que su madre, a la que él creía muerta, trabaja en un burdel.[DeCine21]




Análisis

Apoteósico melodrama, que catapultó a la fama a un desconocido James Dean y consagró a Elia Kazán como un renombrado director, en medio del desprestigio que padecía por causas políticas. Envuelta con una banda sonora de altura y dotada una fotografía revolucionaria, la película adapta una novela de John Steinbeck, y construye un apasionante relato de tensión ascendente. Toda una subida al Everest. La trama abre numerosos frentes: la búsqueda de la madre, la Primera Guerra Mundial, el negocio de verduras, el enamoramiento… De alguna manera, todo ello es importante y todo afecta a la historia de nuestro protagonista, Carl. Pero no nos engañemos. La clave del film es la relación de Carl con su padre, y las dos horas metraje giran en torno a este punto. 



 El paralelismo con el Génesis es evidente. De hecho, uno de los personajes hace referencia a los nombres de Caín y Abel. Carl y Arón, de caracteres distintos, compiten por el cariño de su padre. La envidia, los odios y la incomprensión truncarán la relación entre los dos, sin vuelta a atrás. Carl es todavía un niño, es obvio. Su personalidad soñadora, rebelde y correosa queda clara desde la primera secuencia: seguir a escondidas a una mujer, tirar piedras contra una casa y excusarse en la frase: “¿acaso hay alguna ley que…?”. Está desamparado, y su sensación de soledad es evidente. Él es consciente de ello. ¿Pero desea superarlo? La batalla que libra en su interior es la esencia del film. 

En la película predominan los colores cálidos, en clara referencia a la tensión que embulle cada secuencia. Los sentimientos están a flor de piel. Cuando Carl acompaña a su hermano en el terrible descubrimiento, es un auténtico descenso a los infiernos. Casi hay fuego en medio de la escena, y la música cargante contribuye en la creación del clímax. 



 Esta obra supuso la puesta de largo de James Dean, a pesar de que en un primer momento se pensó en Marlon Brando (el actor fetiche de Kazán) para interpretar a Carl. Ese mismo año, Dean se convertiría en un mito generacional con sus otras dos películas: Rebelde sin causa y Gigante. En septiembre de 1955, fallecería en un accidente de coche. Por su parte, Kazan continuó expuesto a la Caza de Brujas emprendida por el senador McCarthy, debido a su militancia en el Partido Comunista durante los años 30. Independientemente de su oposición al Gobierno o no, Kazan nos ofrece una película profunda, en parte religiosa, mediante el magnífico retrato de un personaje incomprendido y soñador, con el que toda una generación supo identificarse.

lunes, 20 de octubre de 2014

PERDIDA

"Todo está medido al milímetro. A lomos de unos personajes atormentados que no son lo que parecen, Fincher conduce al espectador hacia el presunto desenlace, con la ansiedad como melodía de fondo" 



Año: 2014
Director: David Fincher
Reparto: Ben Affleck, Rosamund Pike, Neil Patrick Harris, Tyler Perry, Kim Dickens, Patrick Fugit, Carrie Coon, Missi Pyle, Kathleen Rose Perkins
País: Estados Unidos
Duración: 149 min
Género: Thriller
Puntuación: *** (Buena)







Sinopsis 

El día de su quinto aniversario de boda, Nick Dunne (Ben Affleck) informa que su esposa Amy (Rosamund Pike) ha desaparecido misteriosamente. Pero pronto la presión policial y mediática hace que el retrato de felicidad doméstica que ofrece Nick empiece a tambalearse. Además, su extraña conducta lo convierte en sospechoso, y todo el mundo comienza a preguntase si Nick mató a su esposa... Adaptación del best-seller "Perdida", de Gillian Flynn.[Filmaffinity]

Análisis

Todo un drama. Y no lo digo por el género –el film se define como thriller-, sino porque el espectador se morderá las uñas las dos horas y media de metraje. Tela. Dos horas y media que, por cierto, no pasan factura. Porque uno desea saber el final, pero a la vez no quiere que cierren el chiringuito.

La orquesta de David Fincher nos ofrece una sinfonía de terror, que llega a provocar angustia. Su partitura, dividida en tres partes, cambia constantemente de registros, varía los tonos y modifica la escala. Y sin embargo, ninguna nota sobresale. Todo está medido al milímetro. A lomos de unos personajes atormentados que no son lo que parecen, Fincher conduce al espectador hacia el presunto desenlace, con la ansiedad como melodía de fondo. Tocata y Fuga de Bach, prácticamente. Porque a pesar del doble juego, los giros argumentales y las cien caras de sorpresa que se dibujan en el rostro del espectador, este no tendrá la sensación de que le están engañando. Todo es verosímil. El director esconde sus cartas, pero tiene la suficiente mano izquierda para ir mostrándolas una a una, poco a poco, en el momento preciso. Sus instrumentos no desafinan, y cada nota se acopla armónicamente a la melodía que la precede, incluso a partir de los flashbacks y los continuos cambios de escenario. ¿El montaje? Una obra de ingeniería.

Eso sí, la película –no nos vamos a engañar- parece un homenaje al esperpento. Uno no quiere creer que puedan existir personajes así en la realidad. Así de amorales y así de hipócritas. Porque algo huele a podrido en Missouri, y el alma de los protagonistas está corrupta. Unos buscarán redimirse, otros se hundirán más en el fango. Fiel reflejo de la moral de algunos personajes es la violencia explícita de determinadas secuencias. Tanto física como psicológica, sin pasar por alto la densa carga erótica del film. ¿Es necesario? Echa más leña al nudo en el estómago del espectador, de acuerdo, y la sensación de agobio e incertidumbre aumenta. Sin embargo, resultan prescindibles. Puro exhibicionismo que no aporta nada a la trama.


Una trama apoyada en las interpretaciones de Ben Afleck y Rosemund Pike, con un soberbio Neil Patrick Harris como secundario (a pesar de la dificultad de encasillarse como Barney en la comedia Como conocía a vuestra madre). Ben Afleck actúa sin pena ni gloria, un tanto monótono, mientras que Pike borda su personaje como manipuladora. El resto del reparto también cumple con brillantez, especialmente el abogado defensor y Margo, la hermana de Nick.

¿Gustará a todos los públicos? Habrá que ir prevenido. Quien disfrute en tensión y tenga un don para no perderse en los guiones laberínticos, adelante. Pero la persona que compre su entrada sin saber qué se va a encontrar… ojo. Sí que puede estar perdida.

viernes, 17 de octubre de 2014

JOHN FORD: EL OJO CRÍTICO

Para muchos, el mejor director de cine de todos los tiempos. Para algunos, un cascarrabias. Para todos, un genio. La figura de John Ford no puede dejar a nadie indiferente, del mismo modo que las 60 películas que rodó. 20 de ellas, junto a John Wayne. Mil veces juró el actor que jamás volvería a trabajar con Ford, a consecuencia de su mal humor, de los insultos, de las vejaciones y de los zarandeos. Y mil veces más, volvieron a reunirse para crear Fort ApacheEl hombre tranquilo y Centauros del desierto. Aún tuvo suerte Wayne; Henry Fonda recibió un puñetazo.

Ford era especial, y John Wayne lo sabía desde 1939, cuando se conocieron durante el rodaje de La diligencia. Solo él podía permitirse presentarse de este modo: "Me llamo John Ford y hago películas del oeste". Él vio primero aquellos planos del Monuments Valley que luego trasladaría a la pantalla. Y los vio a pesar de perder visión en el ojo izquierdo, según cuentan, mientras filmaba un documental sobre la batalla de Midway en 1942. Perder el ojo, excusa barata, pensaría Ford, que continuó ocupando la silla de director hasta su muerte. Un parche acabaría por decorar su rostro. Su ingenio, sin embargo, no menguó.



Cuenta la leyenda que en 1953 fue operado de cataratas. A causa de las molestias que le ocasionaba el vendaje mientras rodaba una de sus películas, terminó por quitárselo para poder finalizar el film lo antes posible. Tal era su pasión por el cine, pero aquello provocaría la definitiva desaparición de su ojo izquierdo. ¿Si la anécdota es o no real? Da lo mismo. Describe a la perfección el carácter indomable de Ford, y eso es lo importante. Porque como proclama uno de los personajes de El hombre que mató a Liberty Valance: "Esto es el oeste, y cuando la leyenda se convierte en hechos, se escribe sobre la leyenda".


Fuentes:

lunes, 6 de octubre de 2014

RAÍCES PROFUNDAS




Año: 1953
Director: George Stevens
Reparto: Alan Ladd, Jean Arthur, Van Heflin, Brandon De Wilde, Jack Palance, Ben Johnson, Edgar Buchanan
País: Estados Unidos
Duración: 118 min
Género: Western
Puntuación: **** (Muy buena)






Sinopsis 

      Estado de Wyoming, a finales del siglo XIX. Shane, un hastiado pistolero, llega a la granja de los Starretts, un matrimonio con un hijo que, al igual que los demás campesinos del valle, se encuentra en graves dificultades, pues el poderoso ganadero Rufus Ryker pretende apoderarse de sus tierras. Cuando Ryker se entera de que Shane es un hábil pistolero, le propone que trabaje para él. Ante su negativa, contrata a Jack Wilson, un peligroso asesino a sueldo.[Filmaffinity] 



Análisis

El género western es tan viejo como lo es el cine en EEUU. Durante décadas, allí se rodaron historias maravillosas, unas buenas y otras no tan buenas; muchas de las buenas, auténticas obras maestras. Lo que está claro es que todas ellas se ajustaban, en mayor o menor medida, a unos cánones que el género requería. Hasta que llega George Stevens en 1953 con un western revolucionario, atípico, que presenta un relato en el lejano oeste de un modo completamente diferente a lo producido años atrás.

En primer lugar, atendamos al título. La traducción al español del original "Shane" por "Raíces profundas" no hace sino despistar al público hispano. Porque lo importante del film no son las "raíces" de los campesinos, ni su afán por proteger su propiedad frente a Riker. La esencia de la película es Shane, nuestro misterioso forastero. Hasta entonces, todo protagonista de un western representaba la Ley. Bien siendo el sheriff de una localidad o el oficial del séptimo de caballería, los protagonistas servían al Estado, a su país, en tanto que velaban por el cumplimiento de la ley. Todo lo contrario que Shane. Desconocemos su pasado. Es más, posiblemente cometió varios errores antes de llegar a la granja de Starrett. Únicamente movido por la caridad y por el aprecio que muestra hacia la familia que le acoge, decide defenderles de Riker. No por cumplir la ley, ni por un deseo de aplacar el mal para cumplir por su deber. Simplemente, por proteger al débil. En la figura de Shane, Stevens crea una especie de caballero medieval, un justiciero que presta su ayuda al débil desinteresadamente, quizá movido también por el deseo de expurgar algún pecado anterior.


Para crear un personaje tan completo, es destacable que Stevens apueste por Alan Ladd. El actor siempre fue un galán, un dandy, el perfecto caballero que se desenvuelve con gallardía en las metrópolis norteamericana. Apenas había rodado en su filmografía dos películas del oeste. Así, no es casualidad que el director no quiera en ese papel un John Wayne o Gary Cooper, habituales y reconocidos rostros del western. El público inmediatamente les habría encasillado en sus roles habituales. Así, para rodar una película distinta era necesaria una cara distinta. ¿Y quién mejor que el galán de Alan Ladd para representar a un caballero medieval que deambula solitario por el lejano oeste? Para ello, Stevens contó incluso con un formidable equipo técnico. Los paisajes de la llanura de Wyoming obtuvieron el oscar a la mejor fotografía en color, y la banda sonora llegó a convertirse en un tema pegadizo durante aquella época. Sus otras cinco nominaciones no se alzaron con estatuilla por el nivel de la competencia: "De aquí a la eternidad" recibió 8 premios en aquella edición de 1954.


El film forma parte de la mítica trilogía que Stevens nos regaló en los años 50. "Un lugar en el sol" (1951) y "Gigante" (1956) completan  los retratos de la sociedad norteamericana que le consagraron como uno de los grandes directores de Hollywood. Antes de la 2ª Guerra Mundial, Stevens produjo comedias principalmente, hasta que el fin de la contienda trae consigo un cambio en su modo de hacer cine. En "Shane" no solo nos encontramos ante un épico duelo entre campesinos y salteadores, sino que asistimos a una historia entrañable. Las escenas familiares se suceden constantemente, tratadas con un esmerado detallismo. El hijo de Starrett es, de hecho, el personaje que nos conduce a lo largo la trama, y es a través de sus ojos por donde observamos la historia. Como él, nos admiramos ante la figura de Shane.









jueves, 11 de septiembre de 2014

EL POR QUÉ DEL BLOG

El cine es una pasión que me ha embriagado desde siempre. Antes que las sillas de las aulas y las gradas del estadio, mi padre quiso que conociese las butacas del cine Palafox. Aquel fue el comienzo de una hermosa amistad. Me esforcé por visitarlas a menudo, y cuando transcurría un largo tiempo sin que se cruzasen nuestras miradas me sentía culpable. Sonreía al llegar hasta sus dominios, y los créditos que anunciaban el fin de cada película me hacían desear que llegase nuestra próxima cita. Un amor correspondido que yo siempre procuré difundir al mundo entero, a través de conversaciones en el bar, proyecciones caseras de los grandes clásicos y susurros a los oídos de cinéfilos en potencia. Pero aquello no bastó.

Surgió la necesidad de escribir, quizá para que yo mismo descubriese qué rondaba mi cabeza. Para averiguar si mi afición tan solo gozaba de componentes sentimentales, o si por el contrario estaba cimentada sobre una base de teoría cinematográfica. Analicé películas, una tras otra. Después razoné por qué lo analizaba así, y más tarde guardé aquellos borradores en las carpetas más ocultas de mi ordenador o en los cajones más recónditos de mi cuarto. Un tiempo después, decidí que quizá sirviesen de utilidad a otros cinéfilos como yo: ingenuos, noveles y apasionados. Y hace dos años nació un bog de crítica cinematográfica, uno de los muchos que pululan por internet. En cuanto a su bautismo, no le di mil vueltas al nombre. El título de "Ciudadano Kane" fue reemplazado por la unión del nombre y apellido de quien suscribe estas líneas: Ciudadano Purbez. ¿Qué siguió en adelante? Muy sencillo: ver más películas.

jueves, 4 de septiembre de 2014

EL GRAN GATSBY

"Un intento de acercar la historia de Fitzgerald al público más joven [...]. Propio del siglo XXI, de la época de las imágenes. "




Año: 2013
Director: Baz Luhrmann
Reparto: Leonardo DiCaprio, Tobey Maguire, Carey Mulligan, Joel Edgerton, Isla Fisher, Elizabeth Debicki
País: Australia/Estados Unidos
Duración: 143 min
Género: Drama
Puntuación: *** (Buena)








Sinopsis 

      Nueva York, años 20. En la alta sociedad norteamericana, llama la atención la presencia de Jay Gatsby, un hombre misterioso e inmensamente rico, al que todos consideran un advenedizo, lo que no impide que acudan a sus fastuosas fiestas en su gran mansión de Long Island. Gatsby vive obsesionado con la idea de recuperar al amor que dejó escapar años atrás. Para ello se hará amigo de su vecino recién llegado, el joven Nick Carraway.[Filmaffinity] 




Análisis

Nos encontramos con una nueva adaptación del clásico de Scott Fitzgerald. Como todo remake, la película pretende ser valiente, atrevida, incluso temeraria. Desde el comienzo, su objetivo es aportar algo diferente, una “brisa de aire fresco”. Se entiende que “como todo remake” aspire a ser un buen largometraje, en vez de ofrecer la misma historia narrada con el mismo lenguaje.

Su predecesora databa de 1974 (obviando una adaptación televisiva realizada posteriormente). Muchos recordarán aquel filme por su protagonista, Robert Redford. Sin duda, fue una buena película. Y el estreno que nos ocupa, ¿está a la altura?, ¿supera a su antecesor?, ¿se queda corto? La respuesta es cuestión de gustos, y perdón por el tópico. Lo que sí puedo afirmar es que esta película de Luhrmann cumple su propósito a la perfección: es diferente. Narra la historia de Fitzgerald sin renunciar a su estilo cinematográfico, marcando el ritmo y tratando las imágenes de una manera completamente opuesta a la película dirigida por Jack Clayton en los años 70.


Es una película barroca, exuberante, que carga. No deja lugar a espacios humildes ni sobrios. Viene arropada por una atmósfera de majestuosidad, de grandeza. De agobio. Se suceden constantes fiestas apoteósicas, planos generales de la ciudad de Nueva York, de su ruido, de sus trabajadores… Todo en concordancia con la sociedad de hoy en día: prisas, estrés, alborotos… El mismo arranque de la película es un claro ejemplo de ello. Un arranque magnífico. La voz en off de Nick Carradine nos da las primeras pinceladas del relato, mientras contemplamos las imágenes de Nueva York, del barrio residencial donde se desarrollará la historia, de cómo son las personas que allí habitan… Un ritmo demasiado ágil, frenético. Asistimos perplejos a la presentación de aquellas casas, nos maravillan sus fiestas, sus personajes. Todo ello acompañado de una cuidada fotografía, exquisita. El azul del lago, los primeros planos de las flores, los bailes, el vestuario… Un derroche visual. Y la presentación de Gatsby, no tiene desperdicio. Soberbia.

 Lo que resulta curioso es el concepto de ambientación histórica que tiene Baz Luhrmann. Los bailes y conciertos de los años 20 que se nos muestran vienen complementados por melodías de canciones propias de la actualidad, que actúan como acompañamiento de fondo. ¿Molesto? Peculiar, insólito cuanto menos. Quizá un intento de acercar la historia de Fitzgerald al público más joven, que se suma a los planos barrocos comentados anteriormente. Propio del siglo XXI, de la época de las imágenes.


La versión de 1974, provista de menor calidad visual, dejaba más lugar para inspirar la melancolía que invade a los personajes. Por sus silencios, por sus fenomenales diálogos y por sus miradas nos empapábamos de la decadencia de aquella sociedad de la Belle Époque. Hoy en día los hombres solo comprendemos por la vía de lo explícito, tiene que chocar la realidad contra nuestra cara. Claro ejemplo de ello es una secuencia brutal, que se nos muestra en pantalla con toda su realidad, con todas sus consecuencias. El espectador se hace cargo de ella. Y sin embargo, tal argumento no produce el mismo efecto que en la versión de Jack Clayton en los 70. En esta, la pantalla no muestra el acontecimiento. Sabemos de él de un modo implícito, por boca de los personajes, por recursos indirectos… y aquello causaba un impacto mayor. ¡Precisamente sin haberlo visto! No tiene esto que representar una lacra para el filme. Tan solo es un modo distinto de narrar la historia. Un modo que se adecúa a la sociedad en que vivimos, a lo que presumiblemente demanda el público. Un lenguaje basado en la imagen, no en la palabra.  


miércoles, 27 de agosto de 2014

LUCY

"Luc Besson se ha esforzado en que la historia haga aguas por los cuatro costados[...]. El cerebro de Lucy ha asesinado el tradicional introducción, nudo y desenlace."




Año: 2014
Director: Luc Besson
Reparto: Scarlett Johansson, Morgan Freeman, Choi Min-sik, Amr Waked, Yvonne Gradelet, Jan Oliver Schroeder, Julian Rhind-Tutt
País: Estados Unidos/Francia
Duración: 90 min
Género: Thriller
Puntuación: * (Mala)







Sinopsis 

      La historia sigue los pasos de Lucy (Scarlett Johansson), una despreocupada universitaria afincada en Taiwán a la que su novio engaña para que entregue un maletín a un contacto. Antes de poder entender la situación en que se ha metido, Lucy es secuestrada para servir de rehén al despiadado Sr. Jang. Cuando sus acólitos le implantan quirúrgicamente un paquete con una poderosa sustancia química –que le mataría si se abrirse–, el terror se torna desesperación.[LaHiguera.net] 




Análisis

No nos engañemos. A primera vista la trama apunta maneras, desde luego, y el latazo que ha dado el anuncio del tráiler por TV parecería suficiente motivo para sacar las entradas del cine. Pero Luc Besson se ha esforzado en que la historia haga aguas por los cuatro costados, y no hay otra palabra que "fracaso" para definir un film que se presenta como la revelación del final del verano. Realmente, no hay género en donde enmarcar el título que nos ocupa, puesto que el propio director no sabe qué tono imprimir a su material. ¿Es una película de acción? ¿Ciencia ficción de probeta y laboratorio? ¿O una profunda reflexión acerca del ser humano y su relación con la naturaleza? Por querer jugar a no se sabe qué, el resultado no es un cóctel con tintes de distinta clase, sino que no es ni lo uno ni lo otro. No es nada.



El desarrollo de la trama se produce a trompicones, generando un revuelo general que no conduce a ningún lado. El cerebro de Lucy ha asesinado el tradicional introducción, nudo y desenlace. El arranque desorienta, y el realizador se muestra incapaz de preparar el terreno. Se alternan imágenes inconexas, invitando a reflexionar no se sabe qué, y nos encontramos que transcurrido el primer tercio del film todavía no sabemos qué narices nos quieren contar. ¿Y el desenlace? No existe, así de sencillo. Uno se levanta de la butaca desconociendo cómo finaliza la historia. Lo cierto es que semejante hora y media de atracción de feria tampoco podría parir un final digno.

Hay que entender que "Lucy" es Scarlett Johansson, y que Scarlett Johansson es Lucy. La cinta es ella, de principio a fin, y cada toma fue rodada para lucimiento de la hermosa actriz. ¿Y se luce? Bueno, al menos sirve como nexo de unión entre las distintas secuencias. Poco más. Sorprende cuanto menos, eso sí, el nombre de Morgan Freeman en una producción de esta índole, aunque su presencia es, ciertamente, testimonial. Ni siquiera el oscarizado actor sube el nivel de la historia.



Besson tampoco acierta con los mensajes que ofrece su película. Peligro. Podemos salvar que las hipótesis científicas que determinados personajes presentan como verdades de fe no son más que ciencia ficción, hecho que cualquier médico con dos dedos de frente corroborará. Pero ojo con las tesis de Darwin, con jugar a ser Dios en cuanto a la manipulación genética y con la afirmación socrática de que el conocimiento en sí nos convierte en virtuosos, frente a la ignorancia, que es el caos. Besson olvida la libertad. Como ya es típico en estas cintas, huelga decir que los efectos especiales son sobresalientes y deslumbrarán la vista del espectador. Una lástima que no se empleasen en narrar una historia más digna. ¿Lo mejor? Personalmente, me quedo con una secuencia cuya música de fondo es el Réquiem de Mozart. Siempre es una maravilla escucharlo, y esta vez con sonido Dolby.