El
cine es una pasión que me ha embriagado desde siempre. Antes que las
sillas de las aulas y las gradas del estadio, mi padre quiso que
conociese las butacas del cine Palafox. Aquel fue el comienzo de una
hermosa amistad. Me esforcé por visitarlas a menudo, y cuando
transcurría un largo tiempo sin que se cruzasen nuestras miradas me
sentía culpable. Sonreía al llegar hasta sus dominios, y los créditos
que anunciaban el fin de cada película me hacían desear que llegase
nuestra próxima cita. Un amor correspondido que yo siempre procuré
difundir al mundo entero, a través de conversaciones en el bar,
proyecciones caseras de los grandes clásicos y susurros a los oídos de
cinéfilos en potencia. Pero aquello no bastó.
Surgió la
necesidad de escribir, quizá para que yo mismo descubriese qué rondaba
mi cabeza. Para averiguar si mi afición tan solo gozaba de componentes
sentimentales, o si por el contrario estaba cimentada sobre una base de
teoría cinematográfica. Analicé películas, una tras otra. Después razoné
por qué lo analizaba así, y más tarde guardé aquellos borradores en las
carpetas más ocultas de mi ordenador o en los cajones más recónditos de
mi cuarto. Un tiempo después, decidí que quizá sirviesen de utilidad a
otros cinéfilos como yo: ingenuos, noveles y apasionados. Y hace dos
años nació un bog de crítica cinematográfica, uno de los muchos que
pululan por internet. En cuanto a su bautismo, no le di mil vueltas al
nombre. El título de "Ciudadano Kane" fue reemplazado por la unión del
nombre y apellido de quien suscribe estas líneas: Ciudadano Purbez. ¿Qué
siguió en adelante? Muy sencillo: ver más películas.
"Un intento de acercar la historia de Fitzgerald al público más joven [...]. Propio del siglo XXI, de la época de las imágenes. "
Año: 2013
Director: Baz Luhrmann
Reparto: Leonardo DiCaprio, Tobey Maguire, Carey Mulligan, Joel Edgerton, Isla Fisher, Elizabeth Debicki
País: Australia/Estados Unidos
Duración: 143 min Género: Drama
Puntuación: *** (Buena)
Sinopsis
Nueva York, años 20. En la alta sociedad norteamericana, llama la atención la presencia de Jay Gatsby, un hombre misterioso e inmensamente rico, al que todos consideran un advenedizo, lo que no impide que acudan a sus fastuosas fiestas en su gran mansión de Long Island. Gatsby vive obsesionado con la idea de recuperar al amor que dejó escapar años atrás. Para ello se hará amigo de su vecino recién llegado, el joven Nick Carraway.[Filmaffinity]
Análisis
Nos encontramos con una nueva adaptación del clásico de Scott Fitzgerald. Como todo remake, la película pretende ser valiente, atrevida, incluso temeraria. Desde el comienzo, su objetivo es aportar algo diferente, una “brisa de aire fresco”. Se entiende que “como todo remake” aspire a ser un buen largometraje, en vez de ofrecer la misma historia narrada con el mismo lenguaje.
Su predecesora databa de 1974 (obviando una adaptación televisiva realizada posteriormente). Muchos recordarán aquel filme por su protagonista, Robert Redford. Sin duda, fue una buena película. Y el estreno que nos ocupa, ¿está a la altura?, ¿supera a su antecesor?, ¿se queda corto? La respuesta es cuestión de gustos, y perdón por el tópico. Lo que sí puedo afirmar es que esta película de Luhrmann cumple su propósito a la perfección: es diferente. Narra la historia de Fitzgerald sin renunciar a su estilo cinematográfico, marcando el ritmo y tratando las imágenes de una manera completamente opuesta a la película dirigida por Jack Clayton en los años 70.
Es una película barroca, exuberante, que carga. No deja lugar a espacios humildes ni sobrios. Viene arropada por una atmósfera de majestuosidad, de grandeza. De agobio. Se suceden constantes fiestas apoteósicas, planos generales de la ciudad de Nueva York, de su ruido, de sus trabajadores… Todo en concordancia con la sociedad de hoy en día: prisas, estrés, alborotos… El mismo arranque de la película es un claro ejemplo de ello. Un arranque magnífico. La voz en off de Nick Carradine nos da las primeras pinceladas del relato, mientras contemplamos las imágenes de Nueva York, del barrio residencial donde se desarrollará la historia, de cómo son las personas que allí habitan… Un ritmo demasiado ágil, frenético. Asistimos perplejos a la presentación de aquellas casas, nos maravillan sus fiestas, sus personajes. Todo ello acompañado de una cuidada fotografía, exquisita. El azul del lago, los primeros planos de las flores, los bailes, el vestuario… Un derroche visual. Y la presentación de Gatsby, no tiene desperdicio. Soberbia.
Lo que resulta curioso es el concepto de ambientación histórica que tiene Baz Luhrmann. Los bailes y conciertos de los años 20 que se nos muestran vienen complementados por melodías de canciones propias de la actualidad, que actúan como acompañamiento de fondo. ¿Molesto? Peculiar, insólito cuanto menos. Quizá un intento de acercar la historia de Fitzgerald al público más joven, que se suma a los planos barrocos comentados anteriormente. Propio del siglo XXI, de la época de las imágenes.
La versión de 1974, provista de menor calidad visual, dejaba más lugar para inspirar la melancolía que invade a los personajes. Por sus silencios, por sus fenomenales diálogos y por sus miradas nos empapábamos de la decadencia de aquella sociedad de la Belle Époque. Hoy en día los hombres solo comprendemos por la vía de lo explícito, tiene que chocar la realidad contra nuestra cara. Claro ejemplo de ello es una secuencia brutal, que se nos muestra en pantalla con toda su realidad, con todas sus consecuencias. El espectador se hace cargo de ella. Y sin embargo, tal argumento no produce el mismo efecto que en la versión de Jack Clayton en los 70. En esta, la pantalla no muestra el acontecimiento. Sabemos de él de un modo implícito, por boca de los personajes, por recursos indirectos… y aquello causaba un impacto mayor. ¡Precisamente sin haberlo visto! No tiene esto que representar una lacra para el filme. Tan solo es un modo distinto de narrar la historia. Un modo que se adecúa a la sociedad en que vivimos, a lo que presumiblemente demanda el público. Un lenguaje basado en la imagen, no en la palabra.
"Luc Besson se ha esforzado en que la historia haga aguas por los cuatro costados[...]. El cerebro de Lucy ha asesinado el tradicional introducción, nudo y desenlace."
Año: 2014
Director: Luc Besson
Reparto: Scarlett Johansson, Morgan Freeman, Choi Min-sik, Amr Waked, Yvonne Gradelet, Jan Oliver Schroeder, Julian Rhind-Tutt
País: Estados Unidos/Francia
Duración: 90 min Género: Thriller
Puntuación: * (Mala)
Sinopsis
La historia sigue los pasos de Lucy (Scarlett Johansson), una despreocupada universitaria afincada en Taiwán a la que su novio engaña para que entregue un maletín a un contacto. Antes de poder entender la situación en que se ha metido, Lucy es secuestrada para servir de rehén al despiadado Sr. Jang. Cuando sus acólitos le implantan quirúrgicamente un paquete con una poderosa sustancia química –que le mataría si se abrirse–, el terror se torna desesperación.[LaHiguera.net]
Análisis
No nos engañemos. A primera vista la trama apunta maneras, desde luego, y el latazo que ha dado el anuncio del tráiler por TV parecería suficiente motivo para sacar las entradas del cine. Pero Luc Besson se ha esforzado en que la historia haga aguas por los cuatro costados, y no hay otra palabra que "fracaso" para definir un film que se presenta como la revelación del final del verano. Realmente, no hay género en donde enmarcar el título que nos ocupa, puesto que el propio director no sabe qué tono imprimir a su material. ¿Es una película de acción? ¿Ciencia ficción de probeta y laboratorio? ¿O una profunda reflexión acerca del ser humano y su relación con la naturaleza? Por querer jugar a no se sabe qué, el resultado no es un cóctel con tintes de distinta clase, sino que no es ni lo uno ni lo otro. No es nada.
El desarrollo de la trama se produce a trompicones, generando un revuelo general que no conduce a ningún lado. El cerebro de Lucy ha asesinado el tradicional introducción, nudo y desenlace. El arranque desorienta, y el realizador se muestra incapaz de preparar el terreno. Se alternan imágenes inconexas, invitando a reflexionar no se sabe qué, y nos encontramos que transcurrido el primer tercio del film todavía no sabemos qué narices nos quieren contar. ¿Y el desenlace? No existe, así de sencillo. Uno se levanta de la butaca desconociendo cómo finaliza la historia. Lo cierto es que semejante hora y media de atracción de feria tampoco podría parir un final digno.
Hay que entender que "Lucy" es Scarlett Johansson, y que Scarlett Johansson es Lucy. La cinta es ella, de principio a fin, y cada toma fue rodada para lucimiento de la hermosa actriz. ¿Y se luce? Bueno, al menos sirve como nexo de unión entre las distintas secuencias. Poco más. Sorprende cuanto menos, eso sí, el nombre de Morgan Freeman en una producción de esta índole, aunque su presencia es, ciertamente, testimonial. Ni siquiera el oscarizado actor sube el nivel de la historia.
Besson tampoco acierta con los mensajes que ofrece su película. Peligro. Podemos salvar que las hipótesis científicas que determinados personajes presentan como verdades de fe no son más que ciencia ficción, hecho que cualquier médico con dos dedos de frente corroborará. Pero ojo con las tesis de Darwin, con jugar a ser Dios en cuanto a la manipulación genética y con la afirmación socrática de que el conocimiento en sí nos convierte en virtuosos, frente a la ignorancia, que es el caos. Besson olvida la libertad. Como ya es típico en estas cintas, huelga decir que los efectos especiales son sobresalientes y deslumbrarán la vista del espectador. Una lástima que no se empleasen en narrar una historia más digna. ¿Lo mejor? Personalmente, me quedo con una secuencia cuya música de fondo es el Réquiem de Mozart. Siempre es una maravilla escucharlo, y esta vez con sonido Dolby.
"Los amantes del género de acción estarán felices de escuchar semejante sinfonía de sarcasmo y frases lapidarias [...]. La esencia de la película es obvia. Como diría el coronel Trautman en Acorralado: `matar, punto´ "
Año: 2014
Director: Patrick Hughes
Reparto: Sylvester
Stallone, Jason Statham, Arnold Schwarzenegger, Harrison Ford, Mel Gibson, Jet
Li, Dolph Lundgren, Terry Crews, Randy Couture, Wesley Snipes, Antonio Banderas
País: Estados Unidos
Duración: 123 min Género: Acción
Puntuación: ** (Regular)
Sinopsis
Barney (Silvester Stallone), Christmas (Jason Statham) y el resto del equipo se enfrentan a Conrad Stonebanks (Mel Gibson), el hombre que fundó los Mercenarios hace años antes de convertirse en un despiadado traficante de armas y al que Barney tuvo que matar… o eso creía hasta ahora. Stonebanks, que ya esquivó la muerte una vez, tiene un solo objetivo: acabar con los Mercenarios, pero los planes de Barney son otros, y decide que lo mejor es reclutar sangre nueva para luchar contra la vieja generación. Reúne a un grupo compuesto por hombres más jóvenes, más rápidos y con más conocimientos técnicos. [DeCine21]
Análisis
Stallone y su vieja guardia regresan más duros que nunca, acaso con mayores ganas de venganza. Solo que está vez la “vieja guardia” se topará con la “nueva”, un grupete agradable de jóvenes deseosos de entrar en acción y reemplazar a las viejas glorias. El planteamiento que ofrece esta nueva entrega es, cuanto menos, interesante. Las reflexiones en torno a la amistad, el paso del tiempo y el cambio generacional aportan un plus en una historia cuya base principal radica en el sonido de la ametralladora. Así, se aprecia una mayor elaboración del guión respecto a la entrega anterior, inclusive el desarrollo de la trama para eliminar al malvado Stonebanks (muy bien interpretado por Mel Gibson), provista de sorpresas y giros que logran mantener la tensión.
Stallone, Statham y Lundgren –ya clásicos en este oficio- cumplen con su papel estupendamente. Schwarzenegger suma cada vez menos minutos en pantalla, Harrison Ford no convence como pez gordo de la CIA y Wesley Snipes se revela como un magnífico fichaje para los Mercenarios. Sin embargo, es Banderas quien más da la nota a lo largo de la película, interpretando a un exlegionario español (algo cansino) con cientos de ganas por volver a entrar en combate.
Un combate que, sinceramente, quizá se les haga un poco largo, puesto que supera las dos horas de metraje gracias a secuencias completamente innecesarias. Por el contrario, otros momentos del film que precisarían de más minutos apenas se presentan de pasada. A pesar de todo, el ritmo es fluido y la acción no decae en ningún instante, y los amantes del género de acción estarán felices de escuchar semejante sinfonía de sarcasmo y frases lapidarias.
Quien acuda al cine sabe a lo que se expone. La esencia de la película es obvia. Como diría el coronel Trautman en Acorralado: “matar, punto”. No se le puede pedir a la cinta lo que no quiere ofrecer, así que quien no disfrutó con las anteriores entregas, tampoco disfrutará con esta. Eso sí, todo aquel que suspiró con los títulos más memorables de Stallone, Statham, Gibson y Schwarzenegger tiene una cita obligada. Que no lo dude.
En
cierto artículo comenté que el cine no es un arte
neutro e inocuo, pues cada uno de sus planos es capaz de transmitir una serie
de valores, ideas y creencias. Es capaz de influir en la mentalidad del
espectador, incluso de un modo pasivo e inconsciente. Es capaz de confundir a
la sociedad.
De
esta realidad, hallamos un ejemplo muy concreto en la película “Indiana Jones y
la última cruzada” (Steven Spielberg, 1989) cuya secuencia final es el
paradigma de los guiones del cine moderno: ostentosa ambientación, brillantes
interpretaciones, un suspense de infarto y una colección garrafal de errores
históricos y disparates. En el caso que nos ocupa, relativos al Santo Grial.
Como cinéfilo, ruego que quienes no hayan visto el film en cuestión se
abstengan de visionar la secuencia final, pues sacarla de contexto tan solo
desluciría el efecto de sus imágenes. Como historiador, deseo que atiendan a la
secuencia cuanto antes con objeto de difundir la verdad relativa a estos
hechos.
Después
de recorrer media Europa, escapar de los nazis, deambular por el desierto y
adentrarse en el templo que alberga el Cáliz de la Última Cena, el doctor Jones
debe descubrir cuál es el auténtico Cáliz de los muchos que decoran la estancia
en donde se encuentra. El protagonista se decide por uno sencillo, sobrio y
humilde, de madera. “Esa es la copa de un carpintero”, comenta en el instante
previo a seleccionar tan codiciado objeto. Pero, ¿verdaderamente es aquella la
copa que empleó Jesucristo durante la última cena? ¿Es lógica la relación de
que por ser carpintero emplearía un cáliz de madera? La respuesta es no,
categóricamente, y hay datos suficientes para argumentarlo. Por otro lado,
resulta obvio que Jesucristo tampoco se serviría de un cáliz litúrgico similar
a los que componen las celebraciones eucarísticas de la actualidad. Entonces
¿cómo sería el Santo Grial?
Ni
más ni menos que la típica copa usada para la celebración pascual judía. Una
celebración que contaba con una serie de tradiciones, ritos y reglas
perfectamente definidos. Así, la copa debía estar hecha de un material puro y
purificable tras su uso, por lo que es frecuente encontrar en excavaciones
arqueológicas vajillas hebreas de piedra, el material más idóneo. De
hecho, el Evangelio de San Lucas deja patente la costumbre de purificar las
copas:
Mientras
hablaba, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entrando, pues, se puso a
la mesa. Pero el fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones
antes de comer. Pero el Señor le dijo: "¡Bien! Vosotros, los fariseos,
purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de
rapiña y maldad.” (Lucas 11, 37-39)
Los
judíos tenían (y tienen) unas estrictas normas de pureza, y por este motivo
había algunos materiales que estaban prohibidos. Más aún en una celebración tan
trascendental como la Pascua, cuando la pureza ritual cobraba todavía mayor
importancia. Así, ni en la actualidad ni en la antigüedad han usado los israelitas
copas de madera, puesto que al tratarse de un material poroso, serían
impurificables. Es absurdo además que Jesús, quien abandonó el taller y llevaba
varios años predicando por toda región, hubiese cargado de un lado para otro
con la supuesta copa realizada por él cuando era carpintero hasta que llegase
el momento de celebrar la Pascua. Por otro lado, tampoco hubiese empleado
una copa de metal (aun siendo un material noble) porque según su
mentalidad el metal quedaba impuro tras el uso que se le hubiera dado. El
episodio de las bodas de Caná narrado por San Juan también evidencia el uso de
la piedra como material:
Tres
días más tarde se celebraba una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús
estaba allí. También fue invitado Jesús a la boda con sus discípulos.
Sucedió que se terminó el vino preparado para la boda, y se quedaron sin vino.
Entonces la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino.» Jesús le respondió:
«Mujer, a ti y a Mí ¿qué? Aún no ha llegado mi hora.» Pero su madre dijo
a los sirvientes: «Hagan lo que El les diga.» Había allí seis recipientes de
piedra, de los que usan los judíos para sus purificaciones, de unos cien litros
de capacidad cada uno. (Juan 2, 1-11)
Así,
si admitimos que el Cáliz fuese de piedra, ¿qué características tendría? A modo
de tazón sin asas, habría sido tallado en un ágata o cornalina oriental. Un
vaso de tipo “murrino” (pulido con mirra) procedente de un taller oriental
helenístico-romano.
La
parte superior del Santo Cáliz localizado en la Catedral de Valencia cumple
perfectamente con esta serie de características, y no es descabellado pensar
que pudiese tratarse del auténtico. Sin embargo, no es aquí mi propósito
demostrar la legitimidad del Santo Cáliz de Valencia, sino tan solo
desmitificar la propuesta presentada por Spielberg. Porque resulta
incomprensible que “El rey Midas de Hollywood” cometiese inconscientemente un
fallo de tal calibre, puesto que él mismo es judío. ¿Entonces? ¿Cuáles eran sus
intenciones? ¿Pretendía confundir a propósito a la sociedad? ¿Constituye un
ataque contra la Iglesia Católica?
Me
niego a creer una realidad semejante, en base al contenido presente en su
filmografía y por el cariño con que trata, en general, a la Iglesia y a los
personajes creyentes en sus películas. Lo más probable es que el director
tratase de resaltar, un poco demagógicamente, la supuesta pobreza y sencillez
del Maestro frente a la opulencia posterior de la Iglesia. Opino que se trata
de un toque de atención a la curia romana, una exhortación por regresar a la austeridad
de la Iglesia primitiva. Sin darse cuenta, quizá, de que con ello barría una
verdad histórica.
Fuentes:
Líntemun
(Revista del Centro Español de Sindonología), número 44, enero-julio 2008,
páginas 6-11.
"Al filo del mañana tiene muy claro su objetivo: ser una cinta de acción con alienígenas hasta en la sopa. Y como tal, cumple"
Año: 2014
Director: Doug Liman
Reparto: Tom Cruise, Emily Blunt, Bill Paxton, Brendan Gleeson, Charlotte Riley, Lara Pulver,Jonas Armstrong
País: Estados Unidos
Duración: 115 min Género: Ciencia Ficción
Puntuación: *** (Buena)
Sinopsis
En un futuro no muy lejano, invade la Tierra una raza de extraterrestres invencibles. Al Comandante William Cage (Tom Cruise), un oficial que nunca ha entrado en combate, le encargan una misión casi suicida y resulta muerto. Entra entonces en un bucle temporal, en el que se ve obligado a luchar y morir una y otra vez. Pero las múltiples batallas que libra lo hacen cada vez más hábil y eficaz en su lucha contra los alienígenas. Su compañera de combate es Rita Vrataski (Emily Blunt), una guerrera de las Fuerzas Especiales. (FILMAFFINITY)
Análisis
Para ser una película de ciencia ficción, es de agradecer que se haya partido de un guión elaborado a conciencia, que ofrece una historia verdaderamente interesante. La trama es rica y entretenida, y no solo una excusa que sirva como escenario de la acción. De hecho, el recurso de que un personaje reviva siempre el mismo día siempre ha dado mucho juego en la historia del cine, y recuerda a cintas como Atrapado en el tiempo o Una cuestión de tiempo. No obstante, es innegable que la trama solo aporta los cimientos, pues por encima de todo debemos reconocer que Al filo del mañana es una cinta de acción. Y de acción de la buena. La premisa es clara: humanos contra alienígenas para evitar la conquista de la Tierra. A partir de allí, explosiones, naves espaciales, armamento postmoderno, muertes y más muertes.
En algún momento, determinadas secuencias pueden resultar repetitivas, y estar allí como un parche con el fin de alargar la historia. Una historia que, sinceramente, podría haberse narrado sin necesidad de llegar a las dos horas de metraje. Es cierto que al final confluyen todos los elementos de la historia, que resulta coherente y que el espectador no se sentirá engañado, pero de por medio se habrá puesto a prueba su paciencia mediante esa obsesión por ensanchar la trama.
La interpretación de los actores está a la altura. Tom Cruise: en su línea. Y Emily Blunt ya ha dejado por sentado que es una actriz excelente. No obstante, se echa en falta una mayor profundidad en los personajes, lo cual habría añadido mucho a la calidad de la historia. ¿Cuáles son las motivaciones de Cage para actuar de esa manera en el arranque? ¿Qué visión tienen de la guerra los propios militares? No sabemos nada del pasado de los personajes, y cuestiones éticas o antropológicas se mencionan de pasada, pero no se les saca jugo. Por otro lado, hay ciertos personajes secundarios que están desaprovechados, como el Escuadrón J, que podrían haber aportado mucho al desarrollo de la historia.
En resumen, Al filo del mañana tiene muy claro su objetivo: ser una cinta de acción con alienígenas hasta en la sopa. Y como tal, cumple. Para ello se apoya en una historia coherente y muy entretenida. Pero esa trama termina quedándose a medio camino, y renuncia a la posibilidad de aportar algo más que disparos y explosiones. Eso sí, antes que con los efectos especiales y el sonido -muy, pero que muy trabajados- yo me quedo con la secuencia final: Tom Cruise es todo un caballero. Épico.
"Noé asombra, y su "aparente simplicidad" es quizá su mejor baza [...].El Génesis se traslada a la gran pantalla no como una historia religiosa [...] sino como lo que el arte demanda: una aventura épica"
Año: 2014
Director: Darren Aronofsky
Reparto: Russell Crowe, Jennifer Connelly, Emma Watson, Anthony
Hopkins, Ray Winstone, Logan Lerman, Nick Nolte
País: Estados Unidos
Duración: 137 min Género: Aventuras
Puntuación: *** (Buena)
Sinopsis
Después de que Caín matara a su hermano Abel, dos linajes pueblan la
Tierra. El que viene de Caín es poco respetuoso con la naturaleza, son
carnívoros y tienen en muy poca estima la vida humana. Mientras que los
descendientes de Set, de los que quedan sólo unos pocos, se alimentan de
plantas y sí tienen conciencia de que deben cuidar la creación. Noé, uno de
ellos y patriarca de una familia, tiene una visión. Dios le anuncia la
destrucción del mundo y le encomienda la construcción de una gran arca donde
habrá parejas de todas las especies animales y que albergará también a su
familia.
(DeCine21)
Análisis
Todo aquel que se haya empapado de la tradición cultural judeocristiana, sea o no un ferviente religioso, conoce la historia de Noé y del Diluvio Universal, y por ello no le debería resultar extraña la trama de la película. No obstante, sería estúpido quien negase la posibilidad de asombrarse ante un film semejante, al igual que quien decidiese criticar la aparente simplicidad del argumento. Noé asombra, y su "aparente simplicidad" es quizá su mejor baza. ¿Qué nos asombra? En primer lugar, el hecho de que la archiconocida historia que todos hemos imaginado, cobre vida más allá de nuestras mentes. Asombra la majestuosidad de la creación, los frondosos bosques y la inmensidad del océano. Asombra la decadencia del ser humano, el nivel de degradación que puede alcanzar y la soberbia con que se dirige a Dios. Asombra Noé. Russell Crowe construye un líder, una bandera que señala el camino hacia el futuro. Construye un hombre, que no obedece a Dios con los ojos vendados ni gracias a una fe irracional; el protagonista duda, teme, y el espectador es consciente de ello.
¿Qué más nos asombra? Todo lo anterior no sería posible sin una delicada fotografía, muy luminosa y colorida. Hay un esfuerzo por destacar la bondad del ser humano, plasmada sobre el paisaje, en contraste con los tonos grises que acompañan la barbarie. Del mismo modo, la banda sonora conjuga perfectamente con lo narrado en pantalla, tanto en los momentos dramáticos como en los descriptivos. Porque el film contiene de todo, y si es cierto que el director se recrea en pintar concienzudamente un cuadro de la belleza de la creación, también es cierto que no escatima recursos en plasmar secuencias de tensión, ni tampoco se queda corto en la expresividad de los personajes. Todos alcanzan su culmen dramático, y sus sentimientos y modos de pensar terminan por explotar de un modo u otro.
Regresemos ahora a la "aparente simplicidad" de la trama. Porque la pregunta que ronda más de una cabeza debe ser, ¿es Noé una película religiosa? ¿Está el guión enteramente extraído de la Sagrada Biblia? Lo cierto es que no. El director se basa en las Sagradas Escrituras, desde luego, pero añade multitud de rasgos y elementos dramáticos que no se contemplan en la Biblia. El Génesis se traslada a la gran pantalla no como una historia religiosa (que es lo propio de la Biblia) sino como lo que el arte demanda: una aventura épica. Porque por encima de todo es un film de aventuras, en el cual un personaje recibe una misión que debe cumplir superando una serie de obstáculos. Eso sí, se llevan la palma una especie de ángeles caídos, los "vigilantes", que parecen haber sido diseñados con el mismo software que los transformers.
Así, un arranque de tintes bíblicos nos sitúa en el meollo del contexto, para más tarde dar protagonismo a la espléndida cuadrilla de personajes. El esmero con que ha sido dibujado cada uno de ellos nos ofrece una visión de la complejidad del corazón del hombre, donde la bondad y el mal se hallan constantemente. No obstante, el antagonista resulta arquetípico, y cierto abuelo-ermitaño de las montañas no es del todo verosímil. En cuanto al rodaje, un estilo clásico, de planos sobrios y encuadres sencillos, permite seguir la historia amablemente, sin ninguna dificultad y manteniendo la emoción hasta el último suspiro. Porque aunque todos sepamos cómo va a terminar (quienes conocemos la tradición judeocristiana), ello no impedirá que la tensión esté presente hasta el final, ni que nos dejemos empapar por la monumentalidad del diluvio. Y es que a pesar de que el aforo del arca es limitado, hay hueco para los amantes de las aventuras épicas.